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El instinto canino

El instinto canino en el comportamiento de tu mascota | ISED

En el artículo de la semana anterior hablamos sobre que es y como actúa el instinto canino para determinar diferentes tipos de comportamientos y definir patrones de conducta en los perros. 

Esta semana vamos a tratar de qué manera se desarrollan estos instintos siguiendo las tipologías más características.

Desarrollo de los instintos.

  • Instinto gregario:

Existe en todos los mamíferos sociales; necesitamos desplazarnos en compañía de otros miembros de nuestra especie. El perro que es un mamífero social por naturaleza, ha heredado este instinto y curiosamente establece este tipo de dependencias con el ser humano, después de haber pasado por un periodo de impregnación en compañía de este. Esta necesidad de desplazarse en grupo es lo que hace que podamos pasear por el campo plácidamente con casi cualquier perro sin preocuparnos de que este desaparezca, ya que siempre se mantendrá vigilante y pendiente de nuestra posición. La domesticación del perro  y la incidencia del hombre en las fases críticas del sistema vinculativo del perro, donde establece sus relaciones con otros miembros de su manada, ha hecho que tengamos un animal que busque la compañía humana y dependa de nosotros, su familia.

  • Instinto seguidor:

Un perro feliz es un perro que, no sólo obtiene suficiente ejercicio y estimulación mental, sino que sabe con total confianza y seguridad, cuál es su papel en la vida, y cuál es su posición. En una manada de perros existe un líder que mantiene el orden mediante el establecimiento de reglas que se deben seguir, y toma todas las decisiones, y existen los seguidores, que admiran al líder y siguen su orientación. Tanto el líder como los seguidores están contentos cuando el miembro alfa hace que el resto de la manada se sienta a salvo, estarán felices porque ambos saben que su supervivencia depende de este orden. El líder debe ser el más fuerte mentalmente, el que muestra una autoridad natural y es capaz de tomar decisiones buenas y seguras

  • Instinto sexual: 

Ya en la etapa de cachorro, se pueden observar algunas conductas lúdicas que tienen como base el instinto de monta, y que a menudo son malinterpretadas por el dueño. También, en el caso de los adultos, ya sean machos o, más raramente, hembras, estos ademanes son utilizados para exigir sumisión demostrando superioridad jerárquica. Pero no es hasta la pubertad, que corresponde aproximadamente y dependiendo de la raza, alrededor de la edad de 15 a 18 meses, cuando podemos realmente hablar de maduración sexual en el macho. Es en esta época cuando el aumento de la actividad hormonal provocará cambios físicos y fisiológicos que influyen en el comportamiento. Así comienzan, por ejemplo, a levantar la pata para esparcir el olor de su orina o a buscar ávidamente los olores que le indiquen que hay hembras por los alrededores. El deseo sexual permanecerá en el macho durante toda su vida. El tipo de vida al que sometemos a nuestro perro impedirá la satisfacción de este apetito y, por tanto, cargará durante la misma con la frustración constante de no ver consumado su deseo. En la hembra los cambios hormonales pueden llegar mucho antes, y les genera dos periodos de celo a lo largo del año. Es en estas épocas exclusivamente cuando su comportamiento varía procurando las condiciones necesarias para la monta.

  • Instinto de Rastreo y Venteo:

Necesidad de buscar alimentos llevando el hocico al suelo o levantándolo para captar moléculas en el aire.

Existen tres formas distintas de rastreo natural:

– Venteo: Es la forma de localizar a la presa viva o abatida por el disparo. El perro, olfateando con la cabeza alta, se ayuda de las corrientes de aire y del sentido de la vista.

– Con la cabeza a media altura: Si se trata de un rastro caliente, a corta distancia de la presa.

– Con la cabeza baja: En el caso de los rastros de sangre, o de pistas frías con cierta antigüedad.

  • Instinto Jerárquico:

Uno de los inconvenientes que conlleva la vida en grupo es la aparición de conflictos por la posesión de un recurso, especialmente cuando éste es escaso. Los lobos acostumbran a competir por recursos como el alimento o la posibilidad de aparearse con un animal en concreto. Si cada vez que dos miembros de la manada entrasen en competencia tuvieran que luchar para elegir un ganador, las peleas serían continuas, con los inconvenientes obvios que tal situación supondría.

La jerarquía es un sistema de organización social por el que se establece un orden de prioridad a la hora de acceder a un recurso, evitando con ello la utilización continua e innecesaria de la violencia. Cuando se produce una situación de conflicto, el individuo dominante demuestra su status ante el sumiso a través de toda una serie de señales comunicativas, fundamentalmente de tipo visual. Ante estas manifestaciones de poder, el otro animal reacciona dando gestos de sumisión, quedando resuelta la disputa.

El proceso de formación de jerarquías se basa en la existencia de un lenguaje ritualizado. Los rituales de agresión, juego, y jerarquía se aprenden durante las primeras fases de vida y durante este tiempo aprenden a comportarse y a controlarse. Lo importante en la agresión es que está ritualizada con el fin de evitar que las agresiones sean graves, ya que un animal herido no es útil para la manada.

  • Instinto de Caza:

Muchas de las conductas que identificamos como parte  del instinto de caza  son derivadas hacia señuelos y no siempre hacia piezas de caza. Actualmente, el perro obtiene principalmente su alimento de la mano del hombre y por tanto su instinto se desarrolla hasta el paso previo a la ingesta de la caza. Lo que normalmente se llama instinto de caza, se ve suscitado por el movimiento de cualquier objeto, el cual el perro persigue con ansia. No obstante el instinto de caza engloba muchos más comportamientos que son desagradables. Engloba una serie de impulsos como el rastreo de la pieza, la muestra o la parada previa al ataque, mientras que el impulso de presa supone agarrar fuertemente a la pieza y sacudirla para matarla o el impulso de cobro que conlleva portar la pieza a trozos a un sitio más seguro.

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