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El educador canino y la gestión de dueños impacientes

El trabajo del educador canino va mucho más allá de la mera educación de los perros que pasan por sus manos. Y es que, con el paso del tiempo, si se siguen las técnicas adecuadas, estas mascotas acaban aprendiendo los conceptos importantes que les ayudan a ser mejores. De hecho, la mayoría de las veces los dueños impacientes de perros son más problemáticos que sus animales. Esto se debe, fundamentalmente, a que quieren resultados inmediatos, a pesar de que este es un proceso que requiere de tiempo y paciencia.

Entonces, ¿cómo debe un educador canino gestionar a los dueños impacientes que ponen a sus perros en sus manos? Aquí vamos a tratar de explicarlo.

El trabajo del educador canino con dueños impacientes

Lo primero que hay es que hablar con el dueño del perro y hacerle entender que su perro no es malo ni tiene malas intenciones cuando hace las cosas que hace. De hecho, en la mayoría de ocasiones, este comportamiento se debe a las actitudes que se han tenido con el perro desde el momento de su nacimiento. Y es que, durante la época de cachorro, es especialmente importante inculcar al perro los conceptos básicos de su comportamiento futuro. Debido a la ternura que inspiran, esto no siempre se hace.

Esto lleva a pensar a los dueños impacientes de perros que, por el mero hecho de darles de comer, acariciarles y jugar con ellos, sus perros deben comportarse de la forma en la que ellos desean, cuando realmente no tiene por qué ser así. En resumen, para que puedan disfrutar de las mascotas que realmente desean, es imprescindible que se impliquen lo máximo posible en su educación. Si no lo hacen resultará una tarea imposible.

¿Cómo implicar a los dueños en la educación de sus perros?

Esta tarea es más complicada de lo que puede parecer a simple vista ya que, cuando llegan a la sesión con el adiestrador canino, tienen a su lado a una profesional experimentado que, gracias a sus conocimientos, es capaz de llevar al perro a su terreno y de lograr que le haga caso aunque sea en conceptos muy básicos. Sin embargo, cuando llegan a casa, no ponen el suficiente empeño a la realización de los ejercicios básicos que este les dicta o abandonan estas pautas al poco tiempo.

Una buena manera de lograr esa implicación es hacer énfasis en las clases y sesiones en aquellos perros que más han evolucionado a tenor de los ejercicios practicados. De este modo, lo que se logra es demostrar que, con cariño y paciencia, es posible reeducar al perro sin importar que este ya no sea un cachorro o que haya adquirido malos hábitos durante las primeras etapas de su vida.

Implicar al dueño del perro, factor clave

En definitiva, a la hora de reeducar un perro, el trabajo del adiestrador canino sobre el dueño debe ser aún más concienzudo que sobre el propio perro. Al fin y al cabo, de lo que se trata es que el amo, que es el que va a convivir con él todos los días, sea capaz de llevar el comportamiento del animal a su terreno y de enseñarle qué es lo que espera de él.

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