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Cuando llega un niño y tenemos perros

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La llegada de un bebé en una familia con perro, o un perro en una familia con niños, siempre genera alguna preocupación. Iniciar con buen pié significa realmente poder construir una relación familiar sana y armoniosa, y poder disfrutar de la compañía de un animal y que él disfrute con nosotros.

Las dudas y preocupaciones más comunes residen en las interacciones entre niño y perro y en posibles reacciones inesperadas y peligrosas del perro. En la mayoría de los casos, un perro equilibrado y sano no presentará problemas y acogerá la novedad con curiosidad. No obstante las precauciones nunca son demasiadas y debemos considerar unos puntos fundamentales.

La entrenadora americana Jennifer Shryock ha creado un verdadero plan de educación destinado a las familias que quieren asesoramiento sobre cómo construir una sana relación entre el niño y el perro (http://familypaws.com). Este pone el acento en la importancia de la SUPERVISIÓN ACTIVA de todas las interacciones. Cuando se trata de bebé está claro que no es posible enseñarles a interactuar correctamente con el perro, así que la actuación de los padres es primordial. Jennifer ayuda a los padres a saber qué hacer antes de la llegada del bebé y a guiar sus interacciones con el perro.

Los padres deben entender las señales de estrés o inquietud del animal y guiar las interacciones para que el niño aprenda a acariciar al perro de la forma correcta, saber acercarse e entender al final, cuando sea mayor, el lenguaje del animal.

Antes de la llegada del bebé

Educación básica: es muy importante que los propietarios tengan un buen control del animal. Así que si no está adiestrado es necesario hacerlo, al menos en cuanto a la educación básica.

Horarios y rutinas: antes de que nazca el bebé empezaremos a establecer unas rutinas coherentes con las que adoptaremos después. Los horarios de los paseos, la habituación a pasear con el cochecito, la presencia en casa de todos los artículos que utilizaremos para el bebé.

Acondicionar el ambiente: puede ser útil utilizar pequeñas vallas o box para poder poner el niño durante la supervisión. Comprar un intercomunicador será útil para poder cerrar la puerta del niño mientras duerme.

Cuando llega el bebé a casa

Ha llegado el momento de hacer las presentaciones. Todo debe suceder con calma, sin estrés y agitación. Es importante que el propietario tenga alguna ayuda para poder saludar al perro sin tener que coger a la vez el bebé. En caso contrario podría tener que alejar al perro que se manifieste con demasiada energía o curiosidad hacia esta novedad. Así que, una vez entrados en casa empiezan las presentaciones…  Si se trata de un perro excitable, esperaremos que se calme, por ejemplo poniéndolo en otro cuarto y cuando todo esté tranquilo le dejaremos salir. Debemos actuar con calma, sin miedos o hesitaciones.  El perro podrá oler, acercarse e incluso podemos permitir algún lametazo… es importante estar muy atentos a la postura y al lenguaje gestual del perro. Si se muestra temeroso o inseguro, lo acariciaremos y encorajaremos; si vemos gruñidos o posturas rígidas, intentaremos utilizar correcciones verbales. Siempre en presencia del niño haremos que pasen cosas positivas, premios, caricias e interacciones. Nunca agitaremos al niño en el aire delante del perro para no fomentar la excitación.

A las tres semanas las cosas deberían haber adquirido cierta rutina y si no ha habido problemas podemos pensar que el niño ha sido aceptado por el perro, aunque NUNCA se debe dejar solo a un perro con un niño.

Otra cosa indispensable es dedicar tiempo exclusivo al perro. Puede ser complicado conciliar las cosas, pero es importante interactuar con el perro, jugar solo con él, llevarlo de paseo y sobre todo no apartarlo de la vida de la familia. Debe ser parte de todo lo que sucede y compartirlo para poder mantener su equilibrio emocional.

Qué haremos:

  • Enseñar al menos la educación básica.
  • Dejar que el perro huela al niño.
  • Exponer gradualmente el niño al perro
  • Asociar experiencias agradables con la presencia  del niño.
  • Dedicar al menos diez minutos a la interacción exclusiva con el perro.

Qué no haremos:

  • Dejar solos al niño y al perro.
  • Aislar al perro.
  • Reñir al perro que interacciona con el niño.
  • Excitar al animal.
  • Forzar el animal a la interacción.
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