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Trastornos psiquiátricos del siglo XXI

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Con los cambios sociales y la evolución humana aparecen nuevos trastornos psiquiátricos. La vigorexia por ejemplo no existía en el siglo XIX. ¿Sabes qué es?

Vigorexia
También se conoce como el complejo de Adonis o la adicción a la musculatura. Entre el 1 y el 10% de la población que acude regularmente a los gimnasios sufrirá este trastorno en la actualidad.
Se caracteriza por la obsesión por tener un cuerpo musculoso. Esta preocupación va emparejada con una distorsión de la propia imagen y afecta, sobre todo, a hombres entre 15 y 35 años, aunque también a mujeres.

Adictos al trabajo o ‘workaholics’
Son personas obsesionadas con el trabajo, al que consagran su tiempo tanto de trabajo como de ocio. Cuando no trabajan sienten angustia o depresión. El trabajo se convierte en el centro de su vida; el propio empleo resta importancia a todo lo demás, incluida la familia. Estas personas pierden de forma gradual la estabilidad emocional y se convierten en adictos al control en un intento por lograr el éxito.

Ortorexia
Sería la obsesión por comer saludable. Se considera un trastorno alimentario y puede llevar a la desnutrición, incluso a la muerte por inanición. La persona puede evitar cientos de de alimentos por contener grasas, conservantes, colorantes artificiales… y tener una mala o pobre alimentación.
Se estima que un 28% de la población occidental padece ortorexia, sobre todo jóvenes y mujeres.

Adictos a la cirugía estética
Son personas con trastornos de la imagen o un concepto de la propia imagen muy deteriorado que intentan conseguir retos inalcanzables y poco realistas. Se convierte en una adicción cuando se someten a procedimientos de cirugía plástica una y otra vez para intentar perfeccionar un pequeño defecto imperceptible para los demás. Su obsesión por tener partes del cuerpo igual que alguna celebridad también es común.

Adicción a los sentimientos
Al fomentarse el individualismo se tiende a hacer las relaciones de pareja muy claustrofóbicas y caer en el maltrato. A algunas personas el cambio les cuesta porque son adictos a las emociones que sienten en una determinada situación, incluso aunque sea nociva para ellos. Es decir, son adictos a sus propias emociones negativas, las emociones que les provoca, tal o cual situación o hecho en sus vidas, aunque según ellos desearían que acabase. 

 

 

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