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¿Cómo me dirijo a una persona con discapacidad?

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Por desconocimiento o por falta de sensibilidad, las personas con discapacidad reciben en ocasiones un trato inadecuado. Se subestima su capacidad de autonomía, se les excluye de la toma de decisiones, no se tiene en cuenta su opinión o se les presta una sobreprotección innecesaria. Unas pautas sencillas ayudan a dirigirse a ellas de manera apropiada, en función del tipo de discapacidad y a respetar sus derechos y dignidad como miembros de la sociedad. En este artículo se explica cómo en ISED formamos a nuestros alumnos del área de Sanitaria a dirigirse a personas ciegas y con deficiencia visual y a personas sordas y con deficiencia auditiva.

Personas ciegas y con deficiencia visual

Comunicación, amabilidad y normalidad son las tres claves que debemos recordar al relacionarnos con personas ciegas y con discapacidad visual. Así se recoge en «¡Ojo!», un folleto con ilustraciones de Gallego&Rey que la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) publicó en 2008.

«Comunicación, amabilidad y normalidad son tres claves para dirigirse a personas ciegas y con deficiencia visual»

El trato ha de ser igual que el dado al resto de personas, tan solo «adecuado a sus necesidades» y acompañado de un factor más: hay que tomar la iniciativa. «La persona con discapacidad visual no te ve y si lo hace tal vez solo seas para ella una sombra», recuerda la ONCE. Esta toma de contacto ha de ser natural para no asustar, pero ha de tener en cuenta las necesidades y características de la persona porque «cada persona ciega es única».

La ayuda puede ofrecerse aunque no nos la pidan, pero no es obligatoria. Si la persona la rechaza, no hay que considerarlo un desplante, de igual modo que, en ocasiones, será manifiesto que no la requiere. «A las personas con discapacidad visual también les gusta hacer cosas por sí mismas», subraya la ONCE. La autonomía es una capacidad patente en este grupo. No hay por qué cuestionarla.

A efectos prácticos, ¿cómo prestar ayuda? Ofrecer el brazo es uno de los gestos más habituales para guiar a la persona. En el trayecto, se debe caminar con naturalidad, ni más rápido ni más despacio que de costumbre, e indicar los movimientos, giros o direcciones que se deben tomar. Es el caso de tramos con escaleras, donde hay que avisar del primero y del último escalón. En lugares que puedan suponer un peligro, la ONCE recomienda echar hacia atrás el brazo con el que se mantiene contacto con la persona ciega o con deficiencia visual, que nos seguirá. «Camina delante de ella y aminora el paso cuando estimes necesario», aconseja.

Uno de los aspectos más controvertidos es el lenguaje. Expresiones como «¡Nos vemos mañana!» no han de evitarse, puesto que es un comentario habitual y natural, «al igual que muchas palabras relacionadas con la ceguera o la visión». No conviene emplear indicaciones como «aquí» o «ahí», sino «a la derecha» o «arriba». Instrucciones precisas. Son también pautas de comportamiento adecuadas las siguientes: no elevar la voz para indicar algo si no lo exigen otras circunstancias, no seguir a la persona por precaución sino, en todo caso, ofrecerle ayuda, identificarse al aproximarse a ella, hablar al entrar en una estancia o al salir y explicar los gestos verbalmente cuando se quieran resaltar por algún motivo.

Personas sordas y con deficiencia auditiva

La Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Cantabria (FESCAN) ha editado la guía «¿Qué harías si un miembro de tu familia fuera sordo?». En ella recomienda el aprendizaje de la Lengua de Signos, la adquisición de estrategias visuales y el apoyo emocional como «grandes beneficios tanto a la familia como a los niños sordos». Pero para el resto de personas en general, son posibles unas normas básicas de comunicación.

«Para establecer comunicación con una persona sorda, es recomendable tocarle en la parte alta del brazo o del hombro»

Antes de establecer comunicación, se recomienda tocar a la persona en la parte alta del brazo o del hombro para llamar la atención, «nunca en la espalda o cabeza, ni lanzar objetos o girarle la cara a la fuerza». Cuando la persona se encuentre lejos, conviene encender o apagar las luces, mover los brazos o golpear el suelo con los pies, pero siempre se ha de tener cuidado para no sobresaltar a quien queremos llamar la atención. Otra opción, añade, consiste en «situarse en círculo o semicírculo para poder verse», sin que se produzcan situaciones de contraluz.

Durante la comunicación, aconseja mirar a la persona a la cara, emplear frases sencillas pero completas y vocalizar, ya que es posible que la persona sorda o con deficiencia auditiva sepa leer los labios y nos entienda al hablarle. Nunca se debe exagerar ni gritar. A las personas menos acostumbradas a relacionarse de este modo, se les recomienda utilizar los gestos o la mímica para hacerse entender, pero sin ponerse nerviosos o perder la calma porque la otra persona no les entienda.

Sobre todo en el caso de los niños, se recomienda no cogerles las manos mientras signan, asegurar la comunicación cerciorándose de que entienden el mensaje, explicar la finalidad de todas las acciones y avisar cuando se interrumpa o finalice el mensaje que se transmite.

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