ISED

Tu futuro empieza aquí. ¡Diferénciate!

¿Cómo me dirijo a una persona con discapacidad? (II)

curso de auxiliar de enfermería en rehabilitación

Después de hablar de cómo dirigirnos como personal sanitario a personas con deficiencia visual y personas sordas o con deficiencia auditiva, ahora veremos cómo acercarnos a  personas con discapacidad física y personas con discapacidad intelectual. La comunicación e interacción con personas con discapacidad varía en función de las capacidades de cada una.

Personas con discapacidad física
Es más sencillo de lo que parece. A menudo intentamos ser exquisitos en el trato con personas con discapacidad física, pero la naturalidad es una vez más la clave. El Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad de Aragón (CERMI Aragón) destaca en la guía “Consejos para un trato adecuado a las personas con discapacidad” una serie de recomendaciones para dirigirse a este grupo.

Conviene ofrecer ayuda a las personas con discapacidad física cuando requieran alcanzar o levantar objetos, abrir puertas o ventanas y usar equipos

En general, aconseja recordar que todas las personas somos iguales, “con sus características, limitaciones y ventajas”, por lo que mantiene que debemos acercarnos “sin miedo” a las personas con discapacidad, “pero sabiendo cómo comunicarse” para no generar tensión. En el caso concreto de las personas con discapacidad física, detalla que se debe ofrecer ayuda cuando requieran alcanzar o levantar objetos, abrir puertas o ventanas, usar máquinas expendedoras y otro tipo de equipos, así como ajustar nuestro paso al suyo cuando anden despacio y/o utilicen muletas.

En el momento de dirigirnos a una persona en silla de ruedas, conviene recordar dos pautas: si desconocemos el manejo de la silla -o de cualquier otra ayuda técnica-, debemos preguntar al usuario cómo ayudarle; al hablarle, siempre que sea posible, hemos de situarnos de frente y a su misma altura.

Otras normas generales recomiendan hablar directamente a la persona con discapacidad, no a su acompañante; no dar por sentado que necesita ayuda, sino preguntarle; no subestimar ni prejuzgar, sino dejar que haga por ella misma todo lo que pueda hacer; dejar que marque el ritmo; no decidir por ella su participación en cualquier actividad y evitar el sobreproteccionismo o paternalismo innecesario.

Personas con discapacidad intelectual

La exclusión es el principal factor de discriminación de las personas con discapacidad intelectual. La guía “Hazlo de otra forma”, de FEAPS (Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual), aboga por no excluirlas ni tratarlas de forma discriminatoria en ningún ámbito, en especial, en el trabajo. Al contrario, defiende su integración, acercarse a ellas y compartir tiempo.

Al dirigirnos a una persona con discapacidad intelectual hemos de contarle siempre la verdad, hablar claro y pausado y escuchar

El folleto “Las personas con discapacidad intelectual pueden decidir por sí mismas” recuerda que no se debe “infravalorar sus capacidad, no verles como niños, sino como personas capaces de tomar sus decisiones y de cometer errores”. Por ello resalta que se les tenga en cuenta y se dé valor a sus contribuciones.

Las recomendaciones son las mismas que para cualquier otra persona: pedirles su opinión, porque puede ser diferente de la que se presupone, apoyar su autogestión, proporcionar una información adaptada y comprensible, así como oportunidades de expresarse, reforzar su autoestima como miembros de la sociedad e incluir la diversidad en el día a día. La igualdad es precisamente la máxima de la guía “Yo como tú”, publicada por FEAPS Madrid.

En ella se destaca que las personas con discapacidad intelectual no son personas enfermas, discapacitadas, eternos niños, especiales asexuadas, siempre cariñosas o felices. Reclama la importancia de que se les trate como adultos cuyas necesidades cambian y evolucionan, se les informe y expliquen con claridad las cuestiones que les afectan, no se les manipule, sino que se les permita expresarse libremente, y se les reconozca su dignidad e igualdad como personas y ciudadanas. “Si no me conoces, ¿por qué me sonríes?”, destaca una de las ideas de la guía.

En cuanto a la capacidad de comprensión, al dirigirnos a una persona con discapacidad intelectual hemos de contarle siempre la verdad, porque “ocultarla o maquillarla no contribuye a su propio desarrollo”, hablar claro y pausado y escuchar, sea cual sea su nivel de comunicación. Por último, como en los anteriores casos, hay que evitar prestar apoyo “siempre y en toda circunstancia”, porque en ocasiones no lo necesitan, y respetar la identidad propia de cada uno.

Infórmate del curso de Auxiliar de enfermería en rehabilitación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *