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Una historia de superación: perros rescatados se entrenan como perros terapeutas

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Estamos en Navidad y en estas fechas muchas personas se plantean adquirir una mascota. Aunque no sea el momento más adecuado, considerando que en muchas ocasiones las fiestas navideñas representan un momento de compromisos, falta de rutina y estrés, son muchas las personas que se encontrarán  a ser nuevos propietarios con el inicio del nuevo año.

Si la decisión de adquirir una mascota es tomada seriamente y después de una valoración cuidadosa de nuestra disponibilidad, ningún problema. El paso sucesivo es decidir a dónde encontrar el animal adecuado que comparta su vida con nosotros. Frente a la compra de un animal, la opción de la adopción nos parece la más adecuada por muchas razones:

  • No fomentar el comercio indigno de animales que en muchos casos proceden de verdaderas granjas en las cuales las madres son explotadas hasta la muerte para la “producción” de cachorros;
  • Encontrar un hogar a un animal abandonado a riesgo de perder su vida sin un hogar apropiado;
  • Por cada perro adoptado se libera un sitio por otro en necesidad;
  • Ayudar la labor de muchos voluntarios que dedican su tiempo a rescatar, proteger y cuidar a animales en situación de riesgo y abandono;
  • Ayudar a solucionar un problema social y de salud pública.

Un perro rescatado no solo representa la oportunidad de donar una nueva vida a un ser viviente: estos animales albergan un maravilloso potencial de amor y gratitud y están preparados a regalarlo a la persona que les demuestre compasión y dedicación.

El maravilloso potencial de un perro rescatado
En Estados Unidos existe una asociación llamada “Freedom Service Dogs” que entrena desde el 1987 a perros de refugio para ser perros de terapia. Esta asociación dona gratuitamente estos perros a personas discapacitadas o a veteranos con problemas de estrés postraumático.

El entrenamiento consiste en el aprendizaje de diferentes habilidades que pueden ser útiles a personas con diferentes grados de discapacidad, como por ejemplo, recoger objetos del suelo, encender o apagar las luces, abrir o cerrar puertas, llamar un teléfono de urgencias, ayudar a ponerse y quitarse zapatos o ropa, hasta despertar personas de pesadillas durante el sueño.

Los perros proceden de los sitios y las historias más diferentes y experimentan un cambio impresionante, un antes y un después del entrenamiento.

No solo: una vez llegados a su nuevo hogar, son capaces de aprender nuevas habilidades conexas con su nuevo “trabajo”. Por ejemplo en un caso de un veterano con estrés postraumático, el perro era capaz de darse cuenta de cuando el hombre estaba más nervioso y el latido de su corazón aumentaba de frecuencia. Sin entrenamiento previo el perro se paraba y se negaba a moverse hasta que el propietario no normalizaba el latido de su corazón y estaba más tranquilo.

Aunque no tengan que ser perros terapeutas, podemos imaginar como un perro rescatado pueda ser un maravilloso compañero si solo le damos la oportunidad de una nueva vida.


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