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El caparazón de las tortugas

tortuga

ISED estrena nueva serie de artículos de veterinaria, después de leyendas y mitos de perros y trucos de etología canina y felina, ahora estrenamos con el curso 2012-13 curiosidades del mundo de los animales exóticos. Carmen Dirube, responsable del monográfico Técnico en animales exóticos de ISED nos presenta en este primer artículo el caparazón de las tortugas.

El caparazón de las tortugas

El caparazón de la tortuga está formado por unos 60 huesos y se divide en dos partes principales:

  • Un espaldar o caparazón propiamente dicho, que se sitúa dorsalmente, derivado de la unión y posterior fusión de las costillas y vértebras con elementos óseos originados en la dermis. Todo ello está recubierto exteriormente por estructuras de queratina, originadas de la epidermis, llamadas escudos los cuales, popularmente, se dice que pueden ser indicativo de la edad del individuo (al ir aumentando su número con el crecimiento del animal), pero este no es un método preciso en la mayoría de las especies al estar sujeto a los posibles cambios metabólicos. Sin embargo, los escudos sirven para identificar diferentes especies similares entre sí.
  • Un peto o plastrón, situado ventralmente, formado a partir de la fusión de los huesos de la cintura escapular (la clavícula y la interclavícula) y los gastralia. El plastrón se une al caparazón mediante sendos puentes óseos laterales.

Existen multitud de modificaciones evolutivas en el caparazón de las tortugas. La función protectora que actúa como escudo está representada en su forma más pura en las tortugas terrestres gigantes (Testudínidos), donde su peso se ha reducido debido a un adelgazamiento de sus huesos, siendo los escudos los verdaderos artífices de la dureza. Otras tortugas han reducido a la mínima expresión los huesos del caparazón tal como los conocemos; en su lugar presentan una correosa piel (la tortuga laúd, cuyo caparazón no presenta escudos óseos, sino que está formado por pequeñas plaquitas óseas incrustadas en la piel que presentan una textura oleosa).

Otra adaptación evolutiva es la presencia de una bisagra o charnela utilizada como herramienta de protección o para evitar la deshidratación del animal y que, según el género, está presente en la región craneal (Sternotherus), en la región caudal (Kinixys) o en ambas regiones (Kinosternon) del plastrón; también existen tortugas que presentan la bisagra en el espaldar, las tortugas articuladas africanas. Algunas tortugas no han llegado tan lejos, presentando, a lo sumo, cierto grado de flexibilidad, no pudiendo cerrar sus caparazones, presentando uniones ligamentosas entre el espaldar y el peto que les facilita la puesta de huevos.


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